Paul Roman Trio
Ayer lunes fuimos Aramcheck, Aparecida y David al concierto de Paul Roman Trio (anteriormente en los Quakes) y los españoles Hellbilly Club en el estupendo Gruta 77. Escurioso, un antro con ese nombre a priori tan punk ha dado cobijo a absolutamente todos los eventos psycho a los que he asistido.
Los Hellbilly Club fueron unos dignísimos teloneros, con algunos temas realmente remarcables (del segundo disco, a tenor de las indicaciones que daba su cantante, una especie de comentarista de los años 50 reconvertido en hill-psychobilly, aunque con un modelito bien feo a base de vinilo. Odio el vinilo), incluyendo una versioncilla rocker de Personal Jesus, jeje. La de los Acusicas estaba ostensiblemente mejor.
Paul Roman y sus secuaces estuvieron mucho mejor. Lo que más se notaba era que tenían verdaderas tablas, algo un paso más allá de los eficientes teloneros, un aura… auténticos rockers con sus pintas y sus poses, sus contrabajos, tupés, camisas con calaveras, patillas… yeah! Comenzaron con… ¡Boys don’t cry!, bueno, un amago bastante gracioso con el injerto de su propia canción en medio, aunque luego se marcaron una estupenda versión psycho de Paint it black.
Bien, hasta este punto todo claro, pero me asalta una duda. Podríamos decir que ambas bandas, con especial énfasis en los cabeza de cartel, combinaban psychobilly, punk, hillbilly, rockabilly y supongo que todo lo que tenga un billy detrás (excepto gothabilly, jeje) y la mezcla habitualmente era afortunada aunque en algunos tiempos la repetición de esquemas (líneas de bajo, solos de guitarra afilados) se hacía cansina. Algún pureta me dirá que ésa es precisamente la esencia del psychobilly: el hincar el diente a estructuras y espíritu rockabilly y añadir desparpajo punk. Aaaamigo, ¿pero sabe qué le falta a tan agradable cóctel? Oscuridad. Sí, eso, no me miren así, no soy un gótico recalcitrante, pero sí que me va lo mórbido, coño. Esta disertación tiene su razón de ser en unas declaraciones del bueno de Paul en las que afirmaba que ya estaba harto de que los psychos sólo hablasen de monstruos y cementerios ye-yé. ¡Cállate ya, Paul, que eres buen músico pero mal entrevistado! El Psycho es, en esencia, terror festivo. Es la música ideal de un Halloween. ¡Ningún psycho ha de sentirse acomplejado por dar rienda a su pasión por la serie b, las criaturas de otros planetas y los cadillacs conducidos por zombies!
Me queda por contar que allí nos topamos con Baby Horror, con los que ya tengo apalabrada una entrevistilla para la semana que viene y que además el jueves nos desplazamos a una fiesta psychobilly en el Nueva Visión de Malaentraña.
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