La Mujer de Negro: Representación en el Infanta Isabel de Madrid
En esta ciudad siempre hay que estar alerta. Cuando parece que todos los espectáculos (especialmente teatrales) son monologuillos o refritos a lo “Tres sombreros de copa”, con alguna vieja gloria en el reparto que satisfaga a las decrépitas hordas de jubilados acomodados, resulta que estrenan un relato de fantasmas gótico en la más pura tradición victoriana-eduardiana. Poco tiempo me faltó para organizar una expedición.
La Mujer de Negro es una historia sin grandes pretensiones escrita por Susan Hill en 1983. Desde entonces su paso por televisiones y teatros ha sido incesante, quizá debido al correcto manejo de tópicos del género aún hoy efectivos. Las comparaciones con Otra vuelta de tuerca (Henry James), La casa deshabitada (Charlotte Riddell), o ese par de geniales amiguetes de lo preternatural, los maestros E.F. Benson y M.R. James, son más que obvias, pero ¿quién puede resistirse a esa historia contada una y mil veces de ese hombre de leyes de ciudad enfrentándose a la Superstición, a las comunidades rurales con mucho que callar y esa atmósfera de pesadilla que avala ese desesperante hermetismo?
Si ya vamos predispuestos por la trama, añadan al brebaje un teatro de anacrónica elegancia, con paredes rojo burdeos, palcos vacíos y butacas que chirrían al menor movimiento; efectos visuales y de sonido realmente contundentes (esos relinchos de caballos y el aullar del viento cortante en mitad de las marismas…) y un reparto en verdadero estado de gracia, especialmente el magistral Emilio Gutiérrez Caba, capaz de dar vida a multitud de personajes con una credibilidad asombrosa.

Ya me preguntaba yo cómo tamaña galería de personajes podía ser interpretada por sólo dos actores (bueno, tres, jeje), pero el brillante juego de metaficción añadido para poder adaptar la obra al teatro lo solventa con creces: el sufrido protagonista necesita contar su horrible historia para poder exterminar de una vez por todas el recuerdo de Alice Drablow y su mansión en mitad de los desolados páramos. Para ello contrata los servicios de un profesional que poco a poco va consiguiendo que la reconstrucción en escena cobre fuerza, involucrando sobremanera a nuestro narrador y protagonista, que finalmente logra reencarnar con inusitada crudeza el desfile de almas con las que se topó en su espeluzante aventura en Nine Lives Causeway.
Maldita sea, pasamos un rato estupendo, con verdaderos momentos de sobrecogimiento, de los de la sonrisilla cómplice que sugiere ¡Al fin un espectáculo distinto, en un marco distinto y en sintonía con mis macabras filias!.
No tengo ni idea de hasta cuándo puede durar aquí en madrid y también desconozco su itinerario posterior, pero si este cortejo fúnebre pasa por su ciudad ¡por el amor de Dios, haga el favor de acudir sin pensárselo un segundo!
Maldición, eso sí me gustaría verlo! Pero tengo serias dudas de ke llegue hasta akí. Bujuju.
ps. no sé ké hacer con mi no-blog, Barón. Sic! Ya hablamos, estoy dormida.
Ays, por lo poco que he investigado me temo que no pasan por ahí. Carambolas, ¡pero es una excusa perfecta para darteun viajecito!
¿Cómo que no sabes qué hacer? No te entiendo. ¿No tira bien Siam? ¿Quieres que te aloje en el Gabinete? Tienes que ver el de V., está quedando de perlas.
Estuvieron la mar de finos los actores y los efectos sonoros, visuales, caracterizaciones, etc, la leche. Mereció MUCHO la pena y tengo que reconocer que cierta escena me puso los pelos como escarpias.
Bah, no sé para qué malgastamos así nuestro dinero pudiendo ir a discos góticas todos los findes. JO-JO-JO.
Pues a buscar otra para los próximos meses, que si no al final nos acabamos metiendo al método gronjonl ése, jeje.
Yo sigo pensando que debe de ser agotador marcarse una obra de casi dos horas con un buen abanico de personajes con sólo dos actores. También le doy un sobresaliente. Felicitaciones al Barón por haber estado avispado y localizar el evento. Un placer verle de nuevo por los palcos.
Yo lo que no entiendo es que no hubiese más gente. Por nosotros estupendo. Además, un gustazo no ver a un puñetero gótico o proto.