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Archivo de la categoría "Música"

Woven Hand en Madrid

Lunes, 11 de Junio de 2007

En perfecta sintonía con lo ya escrito por Zelkova, Elena Cabrera o lo que ya se murmura en El Clan de los Parricidas, lo que me queda por aportar es poco salvo unos pequeños apuntes personales.

16 Horsepower ya supusieron una revelación incontestable. Un punto y aparte en mi universo musical; la perfecta fusión de influencias y emociones, capaces de alcanzar momentos de intensidad escalofriante. Woven Hand son su perfecta continuación.

Woven Hand en Moby Dick

Lo que vimos en Madrid el pasado sábado derrochó energía y misticismo. Hubo momentos en los que todos parecíamos estar en comunión, con la boca abierta ante una increíble sucesión de crescendos y explosiones combinadas con momentos de calma y trance. Y vaya señor percursionista… Diablos, para decir “yo estuve allí”.

Creo que, en cierto modo, un ciclo se ha cerrado y toca abstención conciertil hasta nuestro compromiso de mediados de Julio.

David Eugene Edwards en Moby Dick 2

Video de Wintershaker en directo.

The Horrors en Madrid: Apocalípsis en la Moby Dick

Martes, 8 de Mayo de 2007
“El típico grupo de moderniquis que escucha mi hermana”

“Esperpento poppie”

“Panda de indis anoréxicos”

“Las nuevas spice girls del siniestro” (…)

Que estas lindezas sirvan como ejemplo de los improperios vertidos contra estos chavales por parte de ciertos colectivos reticentes a tomarlos en serio. ¿Por qué? ¿Porque son jóvenes y llevan cierta estética “estrafalaria” y bastante personal para los tiempos que corren? ¿Porque salen en diversas portadas de revistuchas de moda? Pues bien, queridos amigos, si hay dos pruebas infalibles para saber si una banda es un “hype” (algo así como un globo predestinado a desinflarse en cuanto pase la moda) o no; un segundo disco y sus conciertos, les aseguro que la segunda está más que superada.

The Horrors

Lo que acabó en caos y destrucción comenzó con una versión de Joy Division/Warsaw cojonuda: No love lost en clave chirriante y garajera, con nuestro amigo el esmirriado cardado desgañitándose como Dios manda. El resto fue un dignísimo repaso de su por ahora escaso cancionero: Jack the Ripper (brutal versión del enorme Screaming Lord Sutch), Little Victories, Count in fives, She is the new thing, Death at the chapel, Sheena is a Parasite (estas dos últimas las mejores del bolo, en mi humilde opinión)… con un sonido aceptable y una intensidad brutal. Lamentablemente me quedé sin escuchar las que posiblemente sean mis favoritas del Strange House: Excellent Choice y Thunderclaps, pero es que ¡Ay! la cosa acabó antes de tiempo y de manera… “accidentada”.

Count in Fives en directo (Video en Moby Dick, Madrid)

The Horrors 2“El tío la suele montar, ya verás”, era el dicho generalizado previo al concierto, pero no sospechábamos que lo haría TANTO. Se encaramó cual araña a los garfios y sogas que decoran el local, cayendo con ellos desde el techo, subió a la barra justo donde estábamos viendo el catastrófico show (foto aquí incluida) y desde allí tiró la bola de discoteca, que descolgo y lanzo al publico ¡como si fuera un jodido globo!!, causando cortes en decenas de inocentes manos (testimonio real en foros de Muzikalia) al grito de “DESTROY THE DISCO!!”. Los aparejos, barquitos, garfios y poleas me consta que también hicieron estragos entre la concurrencia.

Un tipo de seguridad trató de interrumpir el concierto tirando del encabritado líder de la banda, pero fue salvajemente agredido por las primeras filas. Las luces se encendieron y todos los aparatos eléctricos dejaron de sonar. ¿Solución? Darle a lo contundente (palmas y batera) y bailotear como un poseso agarrado a la soga improvisadamente colgada de un precario telón sobre el escenario. A la salida un pobre y desagradable diablo de nariz sangrante exclamaba con voz chillona “¡Esto sí que es punk!”, mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas. Las luces de la furgoneta del Samur iluminaban la patética escena.

Final del concierto, con luces encendidas e instrumentos apagados. Batacazo final incluido (Video).

Pues bien, la discusión sobre si todo fue una gamberrada irresponsable con posibles consecuencias nefastas o si se trató de un alucinante torbellino sobrado de actitud y mala hostia que no se veía desde los tiempos de Iggy o los Lords of the New Church está servida. El caso es que ni Dios salió indiferente de allí. Para haberlo vivido.

Erik Satie

Jueves, 11 de Noviembre de 2004

Autor reconocido de la bohemia francesa del “fin de siècle”, a caballo entre el cabaret, el simbolismo y los movimientos místico-religiosos como los Rosacruces, y las vanguardias (con especial énfasis en el dadá), Satie nunca se sintió completamente agusto enmarcándose en ninguna de ellas.

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Paul Roman Trio

Lunes, 26 de Julio de 2004

Ayer lunes fuimos Aramcheck, Aparecida y David al concierto de Paul Roman Trio (anteriormente en los Quakes) y los españoles Hellbilly Club en el estupendo Gruta 77. Escurioso, un antro con ese nombre a priori tan punk ha dado cobijo a absolutamente todos los eventos psycho a los que he asistido.

Los Hellbilly Club fueron unos dignísimos teloneros, con algunos temas realmente remarcables (del segundo disco, a tenor de las indicaciones que daba su cantante, una especie de comentarista de los años 50 reconvertido en hill-psychobilly, aunque con un modelito bien feo a base de vinilo. Odio el vinilo), incluyendo una versioncilla rocker de Personal Jesus, jeje. La de los Acusicas estaba ostensiblemente mejor.

Paul Roman y sus secuaces estuvieron mucho mejor. Lo que más se notaba era que tenían verdaderas tablas, algo un paso más allá de los eficientes teloneros, un aura… auténticos rockers con sus pintas y sus poses, sus contrabajos, tupés, camisas con calaveras, patillas… yeah! Comenzaron con… ¡Boys don’t cry!, bueno, un amago bastante gracioso con el injerto de su propia canción en medio, aunque luego se marcaron una estupenda versión psycho de Paint it black.

Bien, hasta este punto todo claro, pero me asalta una duda. Podríamos decir que ambas bandas, con especial énfasis en los cabeza de cartel, combinaban psychobilly, punk, hillbilly, rockabilly y supongo que todo lo que tenga un billy detrás (excepto gothabilly, jeje) y la mezcla habitualmente era afortunada aunque en algunos tiempos la repetición de esquemas (líneas de bajo, solos de guitarra afilados) se hacía cansina. Algún pureta me dirá que ésa es precisamente la esencia del psychobilly: el hincar el diente a estructuras y espíritu rockabilly y añadir desparpajo punk. Aaaamigo, ¿pero sabe qué le falta a tan agradable cóctel? Oscuridad. Sí, eso, no me miren así, no soy un gótico recalcitrante, pero sí que me va lo mórbido, coño. Esta disertación tiene su razón de ser en unas declaraciones del bueno de Paul en las que afirmaba que ya estaba harto de que los psychos sólo hablasen de monstruos y cementerios ye-yé. ¡Cállate ya, Paul, que eres buen músico pero mal entrevistado! El Psycho es, en esencia, terror festivo. Es la música ideal de un Halloween. ¡Ningún psycho ha de sentirse acomplejado por dar rienda a su pasión por la serie b, las criaturas de otros planetas y los cadillacs conducidos por zombies!

Me queda por contar que allí nos topamos con Baby Horror, con los que ya tengo apalabrada una entrevistilla para la semana que viene y que además el jueves nos desplazamos a una fiesta psychobilly en el Nueva Visión de Malaentraña.

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