Autómatas Inc.
¿Cómo? ¿Que qué hice la semana pasada? Bueno, verás… precisamente de eso quería hablarte. Finalmente llevé a cabo aquella idea de la hipnosis y… Bueno, antes sírveme más de ese delicioso ron. ¿De dónde dices que era? Ah, sí, de Haití. Ya, ya, ya me hablaste de tus trabajadores. Sí, todo un chollo: obedientes, apenas comen o duermen… Pero, ¿qué hay de esos extraños brotes de psicosis? Sí, ya sabes, las escapadas nocturnas y esa divertida afición por derramar sangre, jeje. Claro, el ritual fue realizado impecablemente, incluso con aquellos extraños tambores (en un CD de fondo, los tiempos cambian amigo). El caso es que nada más llegar a la ciudad puse en práctica mi negocio ambulante. Sí, el del circo. El plan era sencillo: me hacía con una bonita modelo y utilizaba tus ungüentos y viles técnicas sobre ella. Luego vendría lo de montar el stand con aquella gente tan participativa. Sí, los del Circo Horreur. Los trucos de mentalismo encandilaron a todos los que por allí pasaron y cada día apenas podía atender a las demandas por problemas de aforo. ¡Jaja, aquéllos sí que fueron buenos tiempos, cuánto dinero junto! Pero después… (Espera, dame otro trago. Te lo compensaré algún día, ya me conoces, jeje) Después vinieron los asesinatos y las pesadillas. Una noche de insomnio escuché sus erráticas pisadas saliendo de la tienda. La seguí con cautela hasta aquel maloliente callejón y vi cómo ella… ella… ¡agh! No puedo relatarlo. Pero tampoco podía dejar el negocio. Ya sabes cómo es esto, jeje. Intenté amonestarla y mesmerizarla de nuevo, pero sólo conseguí acelerar el ciclo de asesinatos.
… Y finalmente nos descubrieron. Esta instantánea la sacó aquella maldita fotógrafa. Se hace llamar taiwana . Añádela a tu lista negra, haz el favor.

¿Cónseguirá nuestro héroe salir de ésta? No se pierdan el próximo capítulo de El Barón Morguenstein, aventuras para toda la familia.
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