Los difuntos hablan castellano
Domingo, 22 de Octubre de 2006He de reconocerlo; cualquier material proviniente de este maltrecho país del que apenas he salido y que tanto critico me atrae, en principio, más que cualquier otra obra extranjera, ya sea en cuestión musical, literaria… Y no, no me llamen patriota ni ninguna estupidez similar, es simplemente una lógica afinidad cultural o, qué demonios, un inmenso respeto por alguien capaz de hacer algo válido en este entorno celtibérico por la que apenas doy un duro.
Es por eso me disponga comentar obras recientemente leídas, tan dispares como Yo fui guía en el Infierno o De cómo me encontré con el demonio en Vigo de Fernando Arias y Ánxel Fole respectivamente.
La primera, desarrollada en la Valencia del Siglo de Oro, versa sobre un botánico al servicio del poder real y su ayudante, espabilado mozalbete autóctono, para conseguir ciertas hierbas cuya mezcla puede contrarrestar la rabia. ¿La rabia? A juzgar por lo que se enfrenta esta castiza pareja puede ser que se trate del remedio contra otra dolencia mucho más… desagradable e incómoda, jeje.
La novelilla está escrita utilizando lenguaje arcaico y pero a la vez de manera muy ligera. Hasta cierto punto transcurre fluidamente, sin perder interés ni intensidad. Es a partir de cuando nuestros héroes se topan con un par de infernales mujeronas en una inhóspita taberna cuando el relato pierde fuelle y se torna inconsistente en demasiados puntos. Ay ay, si se hubiese refinado este argumento tendríamos una gran novela.
Pero vaya, no se desanimen por estas funestas palabrejas; la cosa es la mar de entretenida y no dudo ni un instante que hasta les hará pasar algún sobresalto entre tanta peripecia terrorífico-humorística. A destacar el pasaje de la inhumación de un cadaver un tanto revoltoso.
Y qué me dicen de lo extremadamente valorable del siguiente caso: un gallego de pura cepa, defensor a ultranza a ultranza de su lengua autóctona y además escribiendo fantástico-terror en plena posguerra. Una auténtica rareza digna de ser adquirida cueste lo que cueste, sí. Los deliciosos cuentecillos de De cómo me encontré con el demonio en Vigo tratan sobre malos presagios en mitad de terrores nocturnos que se tornan realidad, bailes de aparecidos en un desvencijado palacete de Lugo, meigas de Torgán con extrañas costumbres que pueden desenmarañar tu futuro por un módico precio…. Todo en apenas cuatro o cinco páginas.
He viajado mucho a Galicia en los últimos años y he aprendido a valorar el lugar, a imaginarme esos sufridos pueblecillos en otros tiempos no tan lejanos, con otras creencias acerca de lo profano que podrían perfectamente dar cuerpo a cualquiera de los relatos mentados. A esto se le llama afinidad, amigos, y si la aderezamos con una pizca de nostalgia (uno que vivió años a orillas del Cantábrico) el cóctel es más que recomendable de cara a degustarlos. Eso sí, algunos pecan de ingenuos o inconsistentes, particularmente los de prometedor planteamiento preternatural que finalizan con alguna triquiñuela adscrita la picaresca. Es lo mismo, todos están escritos de miedo.
Es curioso que nuestra Celtiberia haya sido fuente de innumerables narraciones fantásticas, más concretamente me estoy refiriendo a la corriente gótica tan en voga allá por el XVIII. El Monje, Los misterios de Udolfo, El Manuscrito encontrado en Zaragoza, Melmoth el Errabundo…, obras seminales y estupendísimas la mayoría, están desarrolladas en nuestras tierras. España era eso, el paraje perfecto para las correrías grotescas, exóticas y ultra-catoliconas imaginadas por las mentes románticas de la época, donde aún era posible la aventura y la fantasía en un reino en decadencia, con decadentes ruinas y decadentes personajes. Es por todo esto por lo que salga de mi chistera en cuestión creativa, en perfecta comunión con el parecer de el viscoso swampie, tendrá como referencia muchas nociones arriba explicadas.
Aunque podría tirarme días enteros escribiendo en esta bitácora acerca de fantástico-terrorífico patrio (hecho que desde luego no vendría mal dado el evidente estado de abandono del Gabinete), me gustaría recomendar dos fabulosas antologías para ponerse al día al respecto:
Hasta mejor ver, amigos y amigas, voy a retirarme a mis aposentos a investigar cual roedor de biblioteca hechos insólitos sobre Praga, ciudad de prodigios y bohemia que visitaremos en Noviembre. Adieu!

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