William Wymark Jacobs (1863-1943) - La pata de mono
Domingo, 11 de Junio de 2006Es sorprendente el recuerdo que se tiene de este autor, internacionalmente conocido por su genial y sobrecogedor relato La pata de mono, ya que en su tiempo destacó muchísimo más por su labor humorística dentro del cuento literario. Eso no quita que dedicase un buen tiempo para la producción fantástico-terrorífica, de la cual poseemos hoy día un suculento legado.
Nace en Londres, pero a muy temprana edad se muda a Wapping, una agradable localidad costera de donde recibiría la inspiración para sus posteriores relatos sobrenaturales, muchos de ellos con un trasfondo fantasmal-marítimo que recuerda enormemente al maestro Hodgson. Su acaudalada familia puede costearle las dos escuelas privadas por las que transita antes de ingresar, muy joven, en el cuerpo de Correos. En esta época escribe sus primeras historias en una revista de escasa difusión subvencionada por la propia Correos. En un principio lo hace por afición y las ganancias que obtiene son meramente anecdóticas, hasta que el olfato del escritor Jerome K. Jerome lo “rescata” y lo introduce en otra revista de mucho mayor calado: To-Day. Aquí empieza su meteórica ascensión; publica una recopilación, Many Cargoes (1896), de un éxito inmediato y avasallador. Dos recopilaciones de relatos suceden a ésta e ingresa en las filas de la prestigiosa revista The Strand Magazine, donde publica, entre otros, el gran Conan Doyle. Además, se atreve con numerosas obras dramáticas y es introducido en la sociedad londinense donde pronto se convierte en un personaje solicitadísimo por su gran ingenio y buen humor.
Una última antología, Snug Harbor (1931), recoge todos los relatos (humorísticos y terroríficos) publicados en revistas a lo largo de su vida. Combina en muchos de ellos sus dos géneros más frecuentados con una efectividad asombrosa, haciendo gala de una inusitada pericia para la ironía y la mordacidad gracias a lo que algunos lo han comparado con el gran Ambrose Bierce, si bien el autor aquí tratado es algo más proclive para finales moralistas en los que los personajes que tontean con lo sobrenatural o los que comenten algún crimen suelen recibir un buen castigo de ultratumba. Muere de manera solitaria y algo anónima en un asilo de ancianos londinense.
La patade mono (The monkey´s paw, 1902).
“-¿Una pata de mono?- preguntó Mrs. White, llena de curiosidad.
-Bueno, en realidad no se trata más que de un pequeño ejemplo de lo que ustedes, aquí en Occidente, llamarían simplemente magia- respondió el brigadier con cierta brusquedad…”
Los White son una de las tantas familias de clase media en un típico barrio londinense, cuyo sustento proviene de una de las muchas fábricas de la zona. Padre, madre e hijo conviven con sus más y sus menos aunque siempre con un admirable buen humor. Pero toda esta jovialidad y cotidianidad desaparece con la visita de un viejo amigo de Mr. White: el brigadier Morris, recién llegado de sus viajes por la India. Aquella velada fue agradablemente amenizada a la luz de la lumbre con las historias y aventuras del recién llegado aventurero, que incluso portaba consigo uno de sus más enigmáticos trofeos: una pata de mono. El interés de la sorprendida familia crece enormemente hasta el punto de conseguir que el brigadier les ceda el extraño objeto, no sin antes ser advertidos por el militar de las nefastastas consecuencias que podría tener su uso, pues esta suerte de lámpara de Aladino tiene el poder de conceder tres deseos a su dueño, pero…

No tengas miedo y pide algo, hombre
El relato se divide en dos partes: la primera incluyendo el comienzo con la rutina diaria del hogar de los White en una tarde cualquiera, la partida del brigadier bien entrada la noche, la formulación del primer deseo y el “incidente” ocurrido a la mañana
siguiente. No desvelaré lo ocurrido después pues mi maldad no llega a tanto. La increible efectividad del relato reside en varios factores: lo directo de su lenguaje, sin irse por las ramas con demasiadas descripciones (como en toda la obra de Jacobs); el brutal contraste entre las situaciones joviales y humorísticos protagonizadas por la familia y los horripilantes acontecimientos acaecidos a posteriori, una vez abierta la puerta a lo sobrenatural. Contribuye también a su eficacia el seco desenlace tras las escasas páginas que abarca el cuento y la incertidumbre sobre si lo ocurrido realmente es a causa de la pata, ya que, aunque todo parece indicar que sí, el lector aún puede asirse hasta el final a un clavo ardiendo y atribuirlo todo a la casualidad o el destino.
Es considerado uno de los mejores exponentes de toda la historia del cuento de terror. No en vano, el mismísimo Bioy Casares lo incluyó en su escueta lista de cuentos perfectos (nada menos que dos) y son pocas las (buenas) recopilaciones de género que no lo incluyan. Altamente recomendado para una buena noche lluviosa, cuando el viento ulule y no sepamos distinguir entre los chirridos y crujidos de nuestro viejo mobiliario y… mejor no pensarlo, jeje.
Últimos enlaces en del.icio.us